jueves, 27 de mayo de 2010

«La letra con sangre no entra: el conocimiento entra con entretenimiento»




Con motivo de la presentación del libro El viaje al poder de la mente que se dio en Sevilla el pasado 11 de mayo, el periódico ABC hizo una entrevista a Eduard Punset, preguntándole sobre temas de educación, emociones e intuición, entre otros.

Cuando Punset le presentó hace unos años a su editor su primer ensayo científico «El viaje hacia la felicidad», éste le dijo: «bueno, Eduard, los ensayos de este tipo no tienen mucho público en España pero como eres una persona muy conocida que sale en la tele, vamos a sacar una edición potente de tu obra, unos 8.000 ó 10.000 ejemplares». Al final se acabaron vendiendo 500.000 «viajes» y la obra se convirtió en uno de lasmás exitosas de ese año en España.

Punset contó ayer en el Aula de Cultura de ABC, que patrocinan la Real Maestranza y Caja Madrid, su secreto para atraer y atrapar a tantas personas con sus «ensayos científicos»: «Eso de que la letra con sangre entra —dijo— es una barbaridad y en mis clases he podido comprobar que el secreto para el aprendizaje es conciliar el conocimiento con el entretenimiento. Si entretengo a mis alumnos, ellos se van a enterar de lo que yo quiero que se enteren».

Entretenida fue también su conferencia, impartida sin papapeles y con su habitual e incomparable estilo, en una sala completamente abarrotada del hotel Alfonso XIII, en la que expuso sus revolucionarias teorías sobre la educación,que poco tienen que ver
con los planes educativos del ministro Gabilondo ni de sus antecesores. «En este mundo globalizado lo que va a garantizar a nuestros hijos o a nuestros nietos un puesto de trabajo no son los conocimientos académicos sino su capacidad para gestionar sus emociones y esa diversidad creciente a la que nos enfrentamos». Y como detrás de todo lo que afirma Punset suele haber sí o sí un experimento realizado en alguna universidad (mayormente norteamericana), el divulgador catalán citó uno realizado a unos niños de 4 años a los que la profesora les pidió que esperaran 15 minutos, hasta que ella regresara,para comerse unos caramelos que ella dejó en su mesa, a modo de cebo o señuelo. El experimento duró
unos 15 años porque hubo un seguimiento de los alumnos que participaron en él y según
Punset el resultado final fue el siguiente: los que controlaron su impulso de comerse
el caramelo («algunos se volvían casi locos, dándose la vuelta y moviendo las piernas
para no ver y comerse el caramelo») tuvieron una adolescencia sin drogas y lograron
integrarse en el mercado laboral, mientras que los que sucumbieron a la dulce y azucarada tentación tuvieron, en general, problemas con estupefacientes y con los trabajos.

Punset relató que un día preguntó a su nieta si en el colegio le hablaban de la diferencia entre la ansiedad y el miedo, y ella le contestó: «Abu, ¿estás de broma?».
El control de las emociones (el odio, la rabia, el asco, etcétera) es, según dijo, lo que determina el futuro de las personas y no los códigos géneticos o las estructuras celulares de cada individuo. Para demostrar esto último citó otro experimento realizado en Londres que demostró que los taxistas de esta compleja megalópolis tenían un hipocampo mucho más grande y desarrollado que el de los demás londinenses. Esto demostraría, según el autor de «Viaje al poder de
la mente», que el cerebro lo podemos modificar con nuestros actos y que se puede cambiar el cerebro de la gente, un descubrimiento inquietante. «Loque nos han inoculado no es lo único que cuenta», resumió Punset, que también defendió la intuición frente a la conciencia. «Casarse por conciencia es algo prácticamente imposible, hay que hacerlo por intuición», bromeó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario