
Fue en el año 2008 en el pueblo de Mijas, Andalucía, cuando vi una corrida de toros por primera – y última – vez en mi vida. Si no fuera por mi hermana que insistió en que la acompañara, nunca me hubiera atrevido a ir a una corrida. Pero entonces no tendría la opinión basada en mi propia experiencia.
El espectáculo fue bello, artístico, muy impresionante... pero fue también muy cruel e injusto hacia el pobre animal. Me preguntaba todo el rato: ¿Quién le dió derecho a éste hombre de matar a un ser vivo? Muchos ex-toreros han informado que a los toros se los debilitan intencionalmente golpeándolos en los riñones y colgándoles pesas alrededor del cuello durante varias semanas antes de la corrida. La Fundación Brigitte Bardot, un grupo francés que se opone a las corridas de toros, describe otros métodos utilizados para el debilitamiento de los toros: "La mayoría de las veces los animales entran al ruedo ciegos porque se los deja en la oscuridad durante 48 horas antes del enfrentamiento. Luego la gente golpea con bolsas de arena la cabeza del animal – por mucho tiempo y violentamente – para privar al toro de sus sentidos..."
Las corridas de toros son una de las tradiciones españolas más conocidas en todo el mundo y que aun se llevan a cabo en España, México, Perú, Ecuador y Colombia. En la mayoría de los países europeos han sido prohibidas.
Este evento crea controversia en muchas partes del mundo, incluida España. Así, por ejemplo, Barcelona se declaró ciudad antitaurina en una declaración institucional aprobada por el pleno del Ayuntamiento de esa ciudad el 6 de abril de 2004, tras una petición popular con más de 245.000 firmas recogidas en todo el mundo. La declaración, sin efectos prácticos, ya que la competencia para prohibir las corridas de toros, en Cataluña, corresponde exclusivamente a la Generalitat, se aprobó en votación secreta con 21 votos a favor, 15 en contra y 2 en blanco. Barcelona se convirtió así en la primera gran ciudad española que se ha declarado antitaurina. Solamente poblaciones pequeñas como Coslada, en Madrid, han adoptado declaraciones de este tipo desde que Tossa de Mar (Gerona) promovió por primera vez esta iniciativa en 1989.
Uno de los grupos que más apoya las corridas de toros es la industria del turismo. Los agentes de viajes y los promotores de las corridas de toros describen la lucha como una competencia festiva y justa. En 1996 registraron un total de US$ 1.400 millones en la venta de entradas. España que es bien conocida por sus prácticas brillantes de la Responsabilidad Social Corporativa no debe olvidarse de la imagen nacional, tiene que ser coherente llevando a cabo sus estrategias humanas. Tal vez al prohibir las corridas el país perderá algo económicamente pero seguramente su imagen mejorará. Como decía el famoso Forest Gump en la película del mismo nombre: “Para seguir adelante a veces es muy necesario despedirse del pasado”.
